El ambiente de una casa 2
Una casa 2 se parece a una habitación donde se baja la voz de forma natural.
Los muebles suelen elegirse entre dos, las decisiones se toman conversando, las velas sustituyen a la lámpara del techo, y el sofá cuenta más que el escritorio. El lugar favorece la presencia del otro: un té compartido al final de la tarde, una conversación que se alarga hasta que cae la noche sin que se encienda la luz.
El ambiente es suave, receptivo, atento a los detalles. Se nota pronto la luz, los ruidos, el humor de la persona que entra. A la casa 2 no le gustan las puertas que se cierran de golpe: absorbe las tensiones más de lo que las evacua, lo que hace que los desacuerdos no dichos estén más presentes que en otros sitios.
Es un lugar de convivencia lograda, no de acción espectacular. Se coopera de buen grado, se reparten las tareas sin discutir, se cultivan la rutina apacible y los pequeños rituales. Los vecinos se sienten bien acogidos, pero con discreción.
Sus momentos fuertes son los gestos lentos: el desayuno a dos, la tarde leyendo cada quien en su rincón, el domingo sin programa. Lo que menos favorece es la improvisación ruidosa y los proyectos llevados a paso de carga: todo se decide allí tras una conversación, a veces dos.