El ambiente de una casa 3
Una casa 3 es aquella en la que se oye gente desde la puerta.
La radio suena, alguien cuenta su día desde la cocina, un amigo se presenta sin avisar, una risa sube por la escalera. El lugar favorece la palabra, el humor, los proyectos algo locos: montar un espectáculo de fin de curso, pintar el pasillo de amarillo, invitar a diez personas un martes.
El ambiente es cálido, colorido, a veces desordenado. Los objetos se acumulan: libros, dibujos, instrumentos, regalos traídos de viajes. Se lee, se escribe, se hacen manualidades, y se improvisa con facilidad una comida para cinco. Los niños crecen hablando mucho.
A la casa 3 le gusta que se la muestre. Pide atención a la decoración, a los colores, a lo que se cuelga en las paredes. Lo que reclama menos es la disciplina: la organización es allí un esfuerzo, no un reflejo, y la pila de correo suele esperar su turno.
El lugar se anima por la tarde-noche y los fines de semana, cuando la cocina se convierte en el centro: se prueba, se comenta, se canta. No favorece el recogimiento ni las tareas largas que exigen mucha concentración: entre dos llamadas y tres ideas nuevas, el expediente de fondo avanza despacio.