En el amor
La atracción se apoya en un contraste seductor: el Dragón irradia, el Conejo apacigua.
En la intimidad, el Dragón puede esperar una admiración constante, y el Conejo necesitar calma y dulzura. Los agravios se instalan en silencio: el Conejo se borra, el Dragón no se da cuenta. Decirse con sencillez lo que se espera, y organizar momentos tranquilos que respondan a las dos naturalezas, como una cena discreta después de una velada social, restablece el equilibrio.