En el amor
La atracción nace de un contraste: el Tigre seduce por su garbo, el Buey por su solidez tranquilizadora.
Al principio, el Buey se deja arrastrar a salidas poco habituales, y el Tigre aprecia que por fin alguien lo sostenga. Más tarde, los ritmos se oponen: uno quiere aventura, el otro referencias. Los reproches surgen por la rutina o por lo imprevisto. Habilitar momentos para cada uno, una expedición mensual y un domingo en casa por ejemplo, permite alimentar las dos necesidades sin oponerlas.