En el amor
El encuentro seduce por el contraste: la franqueza viva del Caballo, la calma tranquilizadora del Buey.
Después cada uno recuerda al otro sus costumbres. El Caballo querría viajar, salir, cambiar de decorado; el Buey desea quedarse, mantener, sostener. Los pequeños reproches se acumulan: sobre la libertad, de un lado; sobre la fiabilidad, del otro. Negociar periodos distintos, una escapada a dos y un regreso al hogar, y alternarlos después sin juzgar, honra las dos necesidades. El reconocimiento mutuo es aquí el mejor cemento.