Primero, las cifras: 2, 3, 3, 2. En los bordes, el 2, que escucha y coopera; en el centro, el 3 duplicado, que cuenta y comparte. La hora se parece a una conversación nocturna, en la que se escucha, luego se confía, antes de volver a escuchar.
Las mitades, 23 y 32, valen cada una 5, la cifra del cambio y de las ganas de otros lugares. Esos dos 5 se responden, como esas ideas que impiden dormir.
El total, por su parte, pasa por 10 antes de volver a 1. Al final del día, el cálculo cae sobre el número de los comienzos, el que decide y se lanza. Puede leerse ahí una transición: los intercambios de la jornada, escuchados y compartidos, se transforman en una decisión personal para mañana.
14:41 llega al mismo total con cifras distintas, el 1 y el 4. Donde ella parte de un marco de trabajo, 23:32 parte de las relaciones y de las palabras: su pregunta se refiere menos a la organización que a lo que quieres decir, o decidir, por ti mismo.