En el amor
En lo afectivo, el Agua aporta escucha, sensibilidad y profundidad.
Percibe lo no dicho, adivina los estados de ánimo, sabe acoger. Invita a formular también las propias necesidades, en lugar de dejar que la otra persona las adivine, y a no diluirse en las expectativas ajenas. Un vínculo de Agua es como un río: necesita orillas para tener un cauce.