En el día a día
Un domingo por la noche se prepara la semana: agenda abierta, papeles clasificados, menús previstos.
Este pequeño ritual no tiene nada de rígido para ti, te descansa. En familia, procuras que las tareas vayan rotando sin que nadie lleve las cuentas en voz alta. Cuando un imprevisto trastoca el programa, un tren suprimido, una cita cambiada, recuperas la calma volviendo a poner las prioridades en una hoja. Las noches en que todo está en orden, disfrutas de una novela, una película de juicios o una partida de ajedrez, y el sueño llega con más facilidad.
